Viernes, 21 de enero de 2005
A veces atruenan silbidos en las oquedades de mis oidos. Descompresión. Desaprensión. ¿Oquedades? Necesito aire. Avanzar sin temer por la fronda de un recuerdo que mi voluntad intenta sepultar. Espero poder llegar a un final. Llegaré como fuere porque he decidido marcar yo mismo la meta, mi final, la hora en la que no seré el mismo que se proyecta desde hace once días. Nueve días más y seré otro, sano, inmune. Imagino que padeceré como tantos otros han padecido, pero tendré -cómo no- un diario en el que esparcir aristocráticamente mis alaridos.
Por: Yular
