Miércoles, 26 de enero de 2005
Un imposible adiós que fraguo en mis noticias. Quiero olvidar. ¿Olvido? Apenas pensar en ella y ya reconozco el camino de las lágrimas. Uno sabe cuándo y cómo arranca la marea: todo se inicia en la nuca, asciende, se siente en las sienes, en la boca, y desborda los ojos y otros conductos visibles. Ella no sabe, ni supo. No siente. Yo creía que sí, sus escritos me confundieron. Es remota y viste una armadura contra el compromiso. Nunca debí cederle mis contraseñas. Ahora cree que sabe. Lo que no sabe es que estoy cambiando mi sistema. Apenas cuatro días más y habré acabado de extirpar la mínima expresión de su ascendiente sobre mí.
Por: Yular
