Sábado, 29 de enero de 2005
Adiós, Marta. He dejado mi testamento en tu blog. Nunca me ocuparé ya en olvidar, porque el olvido ha venido a instalarse en mí, como otro atributo más de mi personalidad, o de mi físico. Soy Agustín, ingeniero, profesor, y he olvidado. Nada ahora me detendrá, quiero ser una figura que avanza y resiste, impermeable. He aprendido a no amar. En caso de error, también he aprendido a desamar. He inventado el programa perfecto de adelgazamiento sentimental, sé cómo devolver un alma atormentada a su estado de reposo inicial. Quizás alguien, algún día, exponga mi caso en las escuelas de psiquiatría. Quizás alguien, algún día, bautice este método como el método RALUYULAR.
Por: Yular
